Una iglesia nacida para hacer discípulos y restaurar vidas
Monte Hebrón nació en el año 2010, como fruto de un ministerio de células de estudio bíblico que ya venía desarrollándose dentro de una iglesia local.
El pastor Raymundo Zavala había sido formado en el servicio cristiano, ordenado al ministerio pastoral en el 2008 y enviado, junto con su esposa, para sembrar una iglesia de esa reunión en casa de estudio bíblico en la Ciudad de México.
Así, Monte Hebrón surge el 16 de mayo de 2010 bajo cobertura espiritual, con rendición de cuentas y como resultado de un proceso de formación, reconocimiento y envío ministerial.
El nombre Monte Hebrón, es inspirado en una de las ciudades de refugio del pueblo de Israel ya que el nombre expresa la visión de ser una comunidad donde las personas encuentren reconciliación, restauración, amistad y una enseñanza bíblica centrada en Cristo.
En un mes después del inicio de la obra, el pastor Raymundo invitó al pastor Sergio Deras y a su esposa a integrarse al ministerio. No llegaron como una incorporación posterior, sino como parte del equipo que dio forma y solidez a la iglesia desde su etapa fundacional. El pastor Sergio compartía la misma visión y contaba con una amplia trayectoria ministerial, además de una relación de amistad y colaboración construida durante varios años.
Desde sus primeros meses, ambos pastores trabajaron unidos para desarrollar una iglesia comprometida con dos realidades: llevar el evangelio y acompañar al nuevo creyente en su crecimiento, y atender también a quienes habían experimentado desgaste, crisis o heridas dentro de la vida ministerial y eclesiástica.
De esta manera surgió el Centro Cristiano de Amistad y Restauración Monte Hebrón, una comunidad que tiene como propósito mantener la Palabra de Dios en el centro, fortalecer el compañerismo, formar discípulos, acompañar procesos de restauración y servir de manera práctica a las personas y familias de su comunidad haciendo discípulos comprometidos para el servicio y extendimiento del Reino de Dios.
Hoy seguimos caminando con la misma convicción que dio origen a la iglesia: anunciar el evangelio, formar discípulos y reflejar el carácter de Cristo en nuestra vida cotidiana.
